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¿Tienen límite incendios forestales en el mundo (México incluido)? No. Serán peores

06/08/2021 - 8:34 pm

Los incendios más recientes abren paso a una realidad difícil de digerir. Las llamas, que pueden arder por semanas, se ven avivadas de una forma sin precedentes por el estado de la atmósfera y las olas de calor.

Por Víctor Resco de Dios
Profesor de Incendios y Cambio Global en PVCF-Agrotecnio, Universitat de Lleida

Madrid, 6 de agosto (The Conversation).- Este año, las llamas vuelven a devorar millones de hectáreas en distintos puntos del globo terráqueo. Y lo hacen de una forma que parece cada vez más voraz. Siberia, que lleva ardiendo desde mayo, ostenta el récord de área quemada con unos dos millones de hectáreas. Canadá y California se han enfrentado a unos incendios fuera de estación (esto es, que ocurren antes de lo habitual) que han obligado a evacuar a miles de personas.

España ya ha sufrido sus primeros grandes incendios de la temporada y ahora vemos cómo el fuego amenaza zonas turísticas en Grecia y Turquía. También observamos cómo el fuego está volviendo a la Amazonía.

¿Qué está pasando? ¿Por qué ocurren cada vez con más frecuencia estos incendios catastróficos y qué consecuencias tienen? Y, sobre todo, ¿tienen algún límite los incendios actuales o seguirán aumentando?

Unas personas corren lejos del poblado de Sirtkoy, en Antalya, Turquía, el domingo 1 de agosto de 2021, luego de que fue devastado por un incendio forestal. Foto: AP

INCENDIOS QUE NO SE PUEDEN APAGAR

Con los incendios actuales estamos entrando en una nueva realidad. Se trata de incendios que ya no podemos apagar. Son incendios que pueden arder durante semanas o meses y que sólo se apagan cuando llueve.

Lo vimos en los grandes incendios de Sidney en 2020, cuando ardió el 21 por ciento de los bosques a lo largo de todo un verano. Esos incendios sólo se extinguieron con la llegada de las lluvias. Cabe decir que incendios que se extienden por el 21 por ciento del área forestal no son normales. Hasta entonces, lo habitual era que quemaran menos del uno por ciento anualmente. Se trata, por tanto, de incendios sin precedentes.

En mayo de 2021, decenas de hectáreas de bosque y hojarasca se quemaron en Buenavista de Cuellar, Guerrero. Foto: Margarito Pérez, Cuartoscuro

Algo parecido está ocurriendo estos días en Turquía donde, salvando las distancias, algunas zonas llevan afectadas por incendios casi dos semanas en el momento de escribir estas líneas. En el Mediterráneo, esto es algo inaudito.

En Grecia se han llegado a sufrir 81 incendios en un día. No hay sistema de extinción capaz de abordar tantos frentes a la vez. A ello debemos sumar que muchos de estos incendios tienen un comportamiento tan errático e impredecible que llegan a poner en peligro la propia seguridad del sistema de extinción. Es decir, que ni se dispone del personal ni de los medios para apagar tantos incendios y, el disponible, en muchas ocasiones no puede ni tan siquiera acercarse.

Una aeronave arroja agua durante un incendio forestal en la antigua Olimpia, en el oeste de Grecia, el jueves 5 de agosto de 2021. Foto: Giannis Spyrounis/ilialive.gr vía AP

El principal causante de esta nueva ola de incendios lo encontramos en el estado de la atmósfera. Una atmósfera que está cada vez más cargada de energía procedente de la quema de combustibles fósiles. Una atmósfera, por tanto, con un poder desecante extraordinario que se acentúa en las jornadas con olas de calor como las que se viven estos días en Grecia y Turquía.

UN PROBLEMA QUE IRÁ A MÁS

Se ha repetido en numerosas ocasiones que el problema de los incendios yace en las colillas, en los pirómanos, en los eucaliptos o en los pinos. Se habla de terrorismo incendiario y se distrae la atención del problema principal. Las falsedades y los intereses de distintos grupos de presión han generado debates artificiales que han favorecido el inmovilismo y la inacción. Y ahora, seguramente, ya es demasiado tarde.

Decenas de hectáreas de bosque del paraje la Tilapeña, ubicado en la frontera entre Morelos y Estado de México, se consumió por el fuego en abril. Foto: Margarito Pérez, Cuartoscuro

Si se tratara de un cáncer, se podría decir que estamos entrando en la fase cuatro: metástasis. Si hubo un tiempo en el que los incendios, o por lo menos una parte importante, se podían prevenir a través de la gestión forestal, ese tiempo se está acabando. Décadas de dejadez en la gestión del territorio forestal y rural han creado un problema tan expandido que la solución es cada vez más lejana y ya raya el punto de ser irreversible.

Nos estamos acercando al punto en el que el potencial desecante de la atmósfera es tal que se tornan inflamables zonas que, hasta ahora, no podían arder debido a su elevada humedad o a su escasa carga de combustible. Volviendo al caso de Sidney, el 66 por ciento del área quemada había experimentado un incendio recientemente, por lo que no habían tenido tiempo de acumular grandes cantidades de combustible.

Un incendio forestal se acerca a antigua Olimpia, el miércoles 4 de agosto de 2021. Foto: Giannis Spyrounis/ilialive.gr vía AP

INCENDIOS SIN LÍMITES

Ahora el gran peligro lo tenemos en las zonas de gran continuidad boscosa: Pirineos o Selva Negra en Europa y en las montañas andinas en Sudamérica. En uno de nuestros estudios más recientes hemos cuantificado el margen de seguridad que aporta la humedad elevada en estos ambientes. Dicho de otro modo, hemos medido cuánto se tiene que secar la atmósfera para que esas masas boscosas ardan como una pila de cerillas.

Y los resultados no son esperanzadores. En Pirineos, por ejemplo, los grandes incendios forestales se dispararán en esas zonas si las olas de calor aumentan entre 3℃ y 8℃. Es decir, olas de calor como las que se viven ahora en Grecia, o como las que se vivieron en el pueblo de Lytton (Canadá) cuando el 90 por ciento de sus casas fueron calcinadas hace unas semanas.

Habitantes de Llanos de Tepoxtepec y de El Calvario cumplieron cuatro días intentando controlar dos incendios forestales de esa zona en abril de 2021. Foto: Dassaév Téllez, Cuartoscuro

No quiero acabar este artículo sin recordar que el problema de los incendios no es un problema ecológico, sino humano, social y económico. El bosque suele volver tras el incendio. El problema principal son las vidas humanas que se pierden, y después las casas y propiedades que se consumen. Pero también es un problema de salud pública de primer orden para los pueblos y ciudades cercanas a los incendios. La inhalación de humos actúa como inmunodepresor y conlleva enfermedades respiratorias, particularmente graves en mujeres embarazadas y neonatos, así como en las personas mayores.

Bienvenidos a una nueva era de incendios forestales.

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